Volver al blogInteligencia Artificial

IA generativa en el trabajo: riesgos legales que las empresas suelen pasar por alto

Cuando ChatGPT, Copilot o Gemini entran en la empresa sin una política clara, aparecen riesgos de confidencialidad, protección de datos y propiedad intelectual. Explicamos cómo ordenarlo sin frenar el uso.

5 de julio de 20269 min de lecturaPor Espai Lex

En muy poco tiempo, herramientas como ChatGPT, Copilot o Gemini se han convertido en parte de la rutina de marketing, recursos humanos, atención al cliente, ventas o desarrollo. Ayudan a redactar más rápido, resumir documentos largos o preparar borradores. El problema es que casi todas las empresas empiezan a usarlas antes de decidir cómo hacerlo.

Cuando no hay reglas, cada persona improvisa. Alguien pega un contrato de un cliente para pedir un resumen. Otra persona envía un listado de empleados para preparar una comunicación. Un tercero utiliza una imagen generada por IA en una campaña. Cada una de esas acciones parece pequeña, pero pueden abrir problemas de confidencialidad, protección de datos o propiedad intelectual.

La buena noticia es que gestionar esto no exige prohibir la IA. Exige poner unas reglas mínimas y comunicarlas bien.

1. ¿Se pueden introducir datos de clientes en una herramienta de IA?

Depende de la herramienta, del tipo de datos y de la información que se haya dado al cliente. Como regla general, cuando la herramienta es pública o gratuita y sus condiciones permiten reutilizar lo que se escribe para mejorar el modelo, no es prudente introducir datos de clientes.

Ejemplo cotidiano: un comercial pega en una IA pública el nombre, el email y el histórico de compras de un cliente para redactar una propuesta personalizada. Aunque no lo perciba así, está enviando datos personales a un tercero, con una finalidad y unas garantías que muy probablemente no ha explicado al cliente.

Si la empresa contrata una versión profesional o empresarial de esa misma herramienta, muchas de estas dudas mejoran: el proveedor suele comprometerse a no reutilizar los datos y a ofrecer garantías contractuales. Aun así, esto no exime de informar internamente y de revisar el contrato.

2. ¿Qué ocurre con la información confidencial?

Los contratos con clientes suelen incluir cláusulas de confidencialidad que obligan a proteger la información recibida y, muchas veces, a no compartirla con terceros sin autorización. Un proveedor de IA es, jurídicamente, un tercero.

Ejemplo: un despacho de arquitectura sube a una IA los planos y el presupuesto de un proyecto para generar un resumen ejecutivo. Aunque el resultado sea útil, la empresa puede estar incumpliendo el acuerdo de confidencialidad con el promotor.

Antes de utilizar IA con información sensible, conviene revisar los NDA firmados y, si es necesario, informar al cliente o pedir su conformidad.

3. ¿Quién responde si la IA genera un contenido incorrecto?

La empresa que utiliza el resultado. Si un chatbot dice a un cliente que un producto tiene una garantía que no tiene, si un texto legal generado por IA contiene errores relevantes o si un correo automatizado promete algo imposible, la responsabilidad frente al cliente es de la empresa que lo publica o lo envía, no de la herramienta.

Por eso las políticas internas suelen exigir revisión humana antes de publicar cualquier contenido con impacto externo, especialmente en materias sensibles: contratos, atención a reclamaciones, comunicaciones comerciales o información sobre productos y servicios.

4. ¿Se puede usar un texto o una imagen generada por IA comercialmente?

Depende de las condiciones de la herramienta y del contenido concreto. La mayoría de plataformas conocidas permite el uso comercial de los resultados dentro de ciertos límites, pero cada una fija sus propias reglas. Además, algunos resultados pueden parecerse mucho a obras protegidas, marcas registradas o estilos identificables de artistas o profesionales concretos.

Ejemplo: una empresa utiliza una imagen generada por IA para su web y, sin saberlo, se parece mucho al logotipo de otra compañía. El problema no es la IA, es el resultado.

Antes de utilizar contenido generado por IA en campañas, packaging o material comercial, conviene comprobar las condiciones de uso de la herramienta y evitar imitaciones de marcas u obras conocidas.

5. ¿Qué debería contener una política interna de uso de IA?

Una política interna útil no tiene que ser larga. Suele incluir: qué herramientas están permitidas y en qué versión (por ejemplo, la versión de empresa y no la gratuita), qué tipo de información no se puede introducir nunca (datos de clientes, datos económicos internos, información sujeta a confidencialidad, código propietario), la obligación de revisar los resultados antes de utilizarlos externamente, cómo actuar si se detecta un error o una fuga de información, y quién es la persona de referencia dentro de la empresa para dudas.

A esta política se le acompaña una formación breve para el equipo. Sin formación, la política queda en el cajón.

Preguntas frecuentes

¿Podemos prohibir totalmente el uso de IA en la empresa?

Sí, pero suele ser poco realista. Es más eficaz permitir su uso con reglas claras que intentar prohibirlo por completo.

¿La política de IA sustituye al resto de políticas internas?

No. Se complementa con la política de protección de datos, la de uso de dispositivos y las cláusulas de confidencialidad ya existentes.

¿Podemos usar IA para tomar decisiones sobre personas?

Es un ámbito especialmente sensible. Requiere análisis previo y, en muchos casos, garantizar que exista intervención humana real antes de aplicar la decisión.

¿Necesitas revisar este tema en tu empresa? Habla con Espai Lex.

Agenda una llamada breve con nuestro despacho y valoramos tu caso concreto.

Agendar una llamada

Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye el asesoramiento jurídico personalizado. Las referencias normativas y las obligaciones concretas deben verificarse conforme a la legislación vigente aplicable a cada organización.